Guatemalteco Lucha Porque Gobierno EEUU no le Robe sus Ahorros

Miércoles, 17 Septiembre   

Durante nueve años Pedro Zapeta no hizo más que trabajar y ahorrar.

Este inmigrante ilegal de Guatemala no le compró chucherías a su novia, nunca cambió su bicicleta por un auto, nunca se tomó una cerveza en un bar y comió sólo en los restaurantes de Florida en los que trabajaba lavando platos por 5,50 a 7,50 dólares la hora.

Luego, hace dos años, con 59.000 dólares reunidos en un bolso deportivo negro que se había convertido en su banco y otros 3.000 dólares en su bolsillo, Zapeta decidió que tenía suficiente dinero para regresar a su pobre aldea maya de montaña y comprar un pedazo de tierra sobre el cual criar una familia y levantar una casa.

Fue entonces cuando ocurrió el desastre.

Este hombre de 39 años, con un atropellado español y sin hablar casi nada de inglés, caminaba por el puesto de seguridad del aeropuerto internacional de Fort Lauderdale-Hollywood el 18 de septiembre del 2005, con un pasaje de ida a la ciudad de Guatemala en una mano y una bolsa negra en la otra, y fue detenido.
Los 59.000 dólares en ahorros, envueltos en bandas elásticas y guardados en sobres, fueron confiscados porque él no había llenado un formulario diciendo que estaba retirando más de 10.000 dólares del país. Solo le permitieron conservar los 3.000 dólares que llevaba en el bolsillo.

Zapeta, cuya lengua materna es el quechua y quien proviene de las frías tierras altas de Totonicapán en el centro-oeste de Guatemala, ha pasado dos años luchando por recuperar su dinero, pero no le queda mucho tiempo más. Él debe irse de Estados Unidos antes del 24 de enero del 2008, bajo una orden de deportación voluntaria.

“¿Cómo es posible que quieran sacarme tanto? No es posible, no es justo”, dijo Zapeta.

La quijotesca lucha de Zapeta contra el gobierno de Estados Unidos ha sido adoptada por ambos lados del apasionado debate sobre la inmigración ilegal en Estados Unidos.

Algunos creen que merece que se le confisque todo porque él ingresó al país de forma ilegal y nunca presentó una declaración de impuestos. Es más, quienes le dieron trabajo deberían ser multados y encarcelados, según escriben los críticos en blogs y artículos de opinión.

A otros les parece atroz que un hombre que personifica los ideales americanos de trabajo y arduos ahorro, en un momento en el que muchos ciudadanos estadounidenses están sumergidos en deudas, reciba una pena tan dura por lo que parece haber sido un honesto error.

“Cualquiera que pueda amasar 62.000 dólares en nueve años debería ser forzado a quedarse aquí y a enseñarnos al resto de nosotros cómo hacerlo”, escribió hace poco la columnista del Miami Herald Ana Menéndez.

Zapeta dice que no sabía que tenía que declarar el dinero. Después de todo era la primera vez que él había visto el interior de un aeropuerto, pues ingresó a Estados Unidos en junio de 1997 a través del desierto que separa México de Estados Unidos.

Los fiscales de Estados Unidos, a quienes no se pudo contactar para que hicieran declaraciones sobre el caso, en principio pusieron en duda que el dinero fuera el fruto de trabajo honesto y sospechaban, en cambio, que era producto del tráfico de drogas. Pero, pronto descartaron esas sospechas.

Zapeta tiene recibos de suelos en los que consta que algunos de sus empleadores dedujeron los aportes de seguridad social y del seguro de salud pública, o Medicare.

En una resolución de comienzos de este año, el juez de distrito de Estados Unidos James Cohn dictaminó que Zapeta podría conservar 10.000 dólares -el monto que se le habría permitido llevarse consigo- pero perdió el derecho a retener 49.000 dólares ante el gobierno de Estados Unidos.

Zapeta dice que eso no es aceptable y su abogado, Robert Gershman de West Palm Beach, presentó una apelación ante la Corte de Apelaciones del Circuito 11 en Atlanta.

“No fue justo, no fue razonable, no fue proporcional”, dijo Gershman, quien no le está cobrando a Zapeta honorarios de representación.

Gershman también recibió 10.000 dólares en donaciones para Zapeta pero dice que las autoridades fiscales le han dicho que tal vez quieran parte de esa suma, también.

Zapeta está agradecido por las donaciones. No obstante, él dice que preferiría contar con el dinero que en realidad se ganó.

“No entiendo por qué están buscando hacer justicia con tal determinación cuando todo lo que hice fue cometer un error”, expresó Zapeta.

“Necesito este dinero. No cuento con dinero en mi país, no tengo nada. Dejen que se queden con los impuestos (que debo) pero no se queden con todo”, agregó.

Marisol Zequeira, la abogada de inmigración de Zapeta, dijo que quienes creían que él sólo había podido ahorrar tanto dinero porque no había pagado los impuestos a las ganancias probablemente estaban equivocados. Lo más probable es que haya pagado todo lo que debía para su nivel de ingreso por medio de las deducciones automáticas de sus sueldos, explicó.

“Pero él vivió de un modo que la mayoría de nosotros ni siquiera concebiríamos hacerlo”, dijo Zequeira.

“Él se privó de básicamente todo desde atención médica a cosas recreacionales básicas como ir al cine. Él no tiene un auto. Este hombre trabajó toda la vida, durante nueve o 10 años todo lo que hizo fue trabajar e ir a la iglesia”, describió.

A Zequeira le cuesta mucho creer que las autoridades perseguirían a un ciudadano estadounidense con igual fervor.

“Si él tuviera que pagar impuestos, él debería haberlos pagado, si él debe pagar una multa porque cometió este error entonces él debería pagar la multa. Pero lo que me parece atroz es que estemos sacándole todo el dinero y no creo que le haríamos eso a cualquiera que no fuera un inmigrante ilegal”, opinó.

“No sentiríamos que tenemos el derecho de hacer eso”, dijo.